Fuck, fuck, fuck...
¡Coño! ¡Mierda! ¡Carajo! ¿Cuántos adjetivos podemos utilizar al momento de darnos cuenta de que realmente metimos la pata, o como se dice coloquialmente ¡La cagamos!?
Forma parte de nuestro día a día como venezolanos estar llenos de coloquialismos, de palabras mal empleadas o compuestas que con gran ingenio vamos haciendo populares en nuestros círculos sociales; ojo, con esto no quiero decir que como venezolanos seamos mal hablados, pero el que tiene cinco dedos de frente sabe que maltratamos el castellano y muchísimo más el español. Pero ese es otro tema... Hoy quiero hablarles de lo infantiles que podemos ser al momento de enfrentar una verdad o una realidad, propia o sobre un tema en específico; pues últimamente vengo leyendo y escuchando a muchos decir "Las cosas se dicen de frente", "Hay quienes de frente son una seda y por la espalda te clavan el puñal", entre otras; pero ¿Realmente estamos preparados para afontar la verdad? ¿Podemos manejar el concepto o la imágen que tienen los demás sobre nosotros? O mejor dicho ¿Qué imágen tenemos de nostros y cuál es la que queremos proyectar? En mi caso, como mujer, las peleas retóricas siempre están a la hora del día, soy un manojo de contradicciones y discursos nunca dichos, más por respeto que por otra cosa.
Pero así como las mujeres somos (por lo general) más maduras que los hombres, hay momentos en que los mismos son más maduros que nosotras, también quiero dejar claro que cagarla no está del todo mal, al menos que tengas complejo de masoquista y te guste cometer la misma burrada una y otra vez, hasta que la vida o la persona te terminen de sacar el culo y te des cuenta de que tienes que dejar de ser imbécil o c@brón. Lo que estoy tratando de decir es que así como hay momentos en los que es sabroso estar jodiendo, disfrutando y echando vaina, hay momentos para los que debemos y tenemos que comportarnos con la seriedad que amerite la situación o problema; recordar que mientras tú señalas con un dedo, tres te señalan a ti y no siempre se puede tener la razón, que más allá de toda sinceridad que podamos o queramos exigir, no siempre estamos preparados para escuchar o digerir lo que los demás quieren decir; más si estamos molestos y no pensamos en todo lo que pueden causar las palabras que salen sin parar de nuestra boca... cuando estamos molestos nos creemos muy valientes, pero sin pensarlos podemos llegar a ser los seres mñas cobardes e infantiles, al fin y al cabo nadie es perfecto ni tiene por completo la razón.
@DannyDollyDoll
16/10/2015.