Unknown.
Quiero dejar algo muy claro ¡Y es que yo de periodísta y escritora profesional no tengo absolutamente nada! Dicho esto, prosigo a lo que voy.
Los que me conocen saben que hablo mucho, más de lo que me gustaría o debería, y uno de de los pro ¿Podría llarmarle así? Es que cuando alguien que quiero o que me tiene confianza me quiere contar sus alegrías, travesuras; penas, desdichas y más, hago lo posible por hacer que esa persona se sienta bien (en el caso de las penas, problemas o preocupaciones); porque me gusta ser el tipo de persona optimista capaz de ver más allá y pensar que lo único que no tiene solución es la muerte. Pasamos parte de nuestra vida quejándonos hasta del aire que respiramos y dejamos de apreciar cosas que realmente nos pueden ser útiles, puedo entender que ser optimista en Venezuela es algo súmamente complicado (por no decir imposible); pero es de venezolanos (aunque muchos NO entren en esta categoría) salir adelante con una sonrisa y ser solidarios con nosotros mismos (vuelvo y repito ¡No todos entran en estegrupo!) y es por eso me saca la piedra darme cuenta que cuando soy yo la que necesita una palabra de aliento, un consejo o simplemente alguien que escuche las tres estupideces que tengo que decir, me salgan con un "¡Ay, no sé qué decirte!", "Mira... eso es muy complicado"; "Te acompaño en tu pena", y es que la forma en que lo dicen me hace pensar que no tienen ni el mínimo interés de querer escuchar o al menos hacer el paro; porque para hablar de mis problemas y solicitar una opinión crítica puedo ir al psicólogo, pero a veces lo que necesito es un amigo y en esos momentos el espíritu de Munra se apodera de mi y hace que quiera meterme por la pantalla del celular y estamparle tremenda cachetada a más de uno.
No se trata de no esperar nada de nadie, es simplemente asimilar que muchas cosas nunca fueron lo que parecieron; es sentir que contabas con algo que nunca estuvo y tener que empezar desde 0, o simplemente mentalizarte de que en ciertos momentos habrá personas que tienen ladilla extrema de escucharte o prestarte atención (me pasa demasiado cuando comparto con la familía de mi papá, pues termino hablando más con la lista de contactos de mi whatsapp que con la gente presente en la sala), es tener que sobrevivir a esos silencios incómodos o no saber qué carajos decir ante preguntas o frases intendibles o faltos de coherencia y entender que en ese momento nadie te estaba parando media bola y malgastaste tiempo, saliva y energía en vano.
@DannyDollyDoll 27/05/2015.